¿Dónde estás hombre? Responde Daniel Burman

Fragmenteos de la entrevista a Daniel Burman, por Alver Metalli

Alver (A). En más de una ocasión, referiéndose a su producción, a su trabajo de director de cine, usted habló de “Un punto de vista sobre la vida”. Recibió también un premio del Vaticano en el que se hace alusión a este punto de vista sobre la vida: “Por indagar la cuestión humana y por testimoniar en sus trabajos cinematográficos, la búsqueda del significado de la vida”. En una primera entrevista, le pregunté que precisara qué es, para usted, “la cuestión humana”, y me respondió así: “La cuestión humana es para qué estamos en el mundo. Todo en el universo tiene una razón de ser evidente y transparente, por lo tanto, cada cosa tiene un porqué, por qué estamos acá, porqué podemos llegar a odiarnos tanto, ésta es la cuestión humana que me interesa”. Le vuelvo a preguntar, entonces: ¿Cuál es este punto de vista, su punto de vista sobre la vida? Y sobre todo, ¿dónde se formó, a qué se debe este punto de vista sobre la vida?

 

Burman (B) Primero quiero decir que tengo una gran fobia en este tipo de situaciones; contrariamente a lo que dijeron en la presentación yo disfruto mucho de sentirme desconocido. La cantidad de gente que me desconoce en el mundo es infinitamente mayor a la que me conoce, y esa ecuación alcanza para hacerme sentir protegido en el manto del desconocimiento. El desconocimiento es un ámbito más favorable, en el que uno se mueve con mayor responsabilidad. Cuando uno toma conciencia de que está conectado con muchas más personas de lo que cree, eso provoca un sentimiento de susto y de ganas de escapar; posteriormente sí, también el placer de saberse vinculado con más de las cuatro personas que se saludan en la oficina por la mañana (y quizás uno crea que ahí se acabó el mundo). Les agradezco por recordármelo.

La verdad, soy un gran enemigo de la reflexión autoreferencial; nunca reflexiono demasiado sobre lo que hago. El reflexionar y el hacer ocupan el mismo espacio en el mismo tiempo, entonces elegí lo segundo. La distinción del Vaticano me sirvió muchísimo para pensar por qué había sido yo el distinguido. De hecho hasta que no estuve ahí, en una lancha en Venecia como si fuera james Bond, no me puse a pensar qué hacía en ese lugar. Por momentos, cuando me mandaron el primer fax con una invitación de este tipo parecía una broma para Tinelli.

La respuesta la encontré en un relato del Talmud, uno de los libros más importantes del pueblo judío. En un punto hay una gran discusión entre Rabinos respecto a un pasaje del “Bereshit” (תּיּבּרּשּ) que significa “En el principio”. Es como comienza el libro del Génesis. El pasaje lo voy a comentar de una manera muy rudimentaria y básica, no porque yo lo sepa más sofisticado, sino porque así lo he aprendido y así lo transmito. Después del lío que se armó con la manzana Dios por primera vez habla al hombre (hasta ese momento no lo había hecho), y lo primero que hace no es retarlo; le dice aieca (ﭏיּכּהּ), que significa “¿Dónde estás?” (Gen 3, 9). En ese momento Adán, desnudo, estaba escondido detrás de un arbusto. Es curioso porque nosotros pensamos que para Dios, que todo lo ha hecho y todo lo ve, no debía ser un secreto la ubicación de Adán. Y entonces por qué pregunta “¿Dónde estás?”. Durante muchos años los comentaristas se volvieron locos para entender y explicar por qué lo primero que Dios le dijo al hombre es “¿Dónde estas?”, y no “qué hiciste”. Después de un rato Adán, el hombre, salió de detrás del arbusto y se excusó de lo que había hecho diciendo que todo fue por culpa de la mujer que Dios le había mandado y la mujer culpa a la serpiente y la serpiente al huevo. La conclusión que se sacó luego de estudiar mucho el texto es que Dios le preguntaba a Adán y le sigue preguntando al hombre: ¿Adónde estás parado? En el mundo, en el mundo de cada uno, es como si después de cada acto de tu vida- más allá de qué acto hagas- tenés que responder a la pregunta “Adónde te parás”, o sea si salís a esconderte detrás de un arbusto o enfrentás las consecuencias de tus actos. Todos los días, independientemente de sus creencias, uno debería responder a esta pregunta. Lo que decía en ocasión del premio del Vaticano era que lo que escribo y lo que hago con mis películas de alguna manera es decir “donde estoy”. Le cuento a Dios y al hombre -que es su reflejo- dónde estoy parado. Así es como veo también al hombre; no juzgo sus actos, intento ver los personajes con piedad, ver qué hacen, si se esconden detrás del arbusto o no. Esta es un poco mi visión de la vida y así intento también construir los personajes de mis películas.

A: Esta visión, ¿de dónde te viene? ¿Qué hay atrás de esta manera de enfocar la vida? ¿Qué encuentros, qué acontecimientos?

B: Lo que más me marcó en la vida es la observación. Observar al otro es algo que me fascina. Observar al otro, reconocerme en él y reconocerlo, ver cuán parecidos somos por más que parezcamos tan diferentes. Reflejarse en el otro a pesar de ser muy diferente provoca una sensación de paz y de compañía. Alivia la soledad esencial que traemos cuando nacemos. La observación es también mi trabajo, me permite construir un personaje; todo lo que hacen mis personajes lo puede hacer alguien o lo hizo alguien. Si uno me dijera: vamos a ver una película turca de un pintor que vive en una isla solo y pinta con las uñas de un ganso. Diría: uf… ¡qué aburrido!! No. Contame la vida de un tipo que trabaja en el Banco Ciudad hace 10 años y que hace siempre el mismo trabajo y trata de mantener viva a su familia y renovar el afecto con su mujer, construir su paternidad, criar a sus hijos… En lo cotidiano se esconde el verdadero heroísmo; no hay nada más fácil que ir a salvar las ballenas a Australia. Es mucho más fácil educar un pingüino que educar un hijo, es mucho más difícil responder una pregunta de nuestros padres, de nuestros hijos que responder la pregunta de un periodista. En lo cotidiano, en lo cercano, en lo minimal, en lo diario están los grandes misterios y las grandes soluciones. Yo desconfío mucho del heroísmo hacia “los lejanos”. En “El abrazo partido” hay una frase que me gusta mucho; no es mía – es de Marcelo Birmajer, el coguionista -por eso la cito sin pudor. Para el que no la vio, la película trata de un padre que en la guerra de los 6 días se va a Israel a luchar por un ideal; pero luego cuando llega ahí conoce otra mujer y forma otra familia. Esta fue una historia real que aparece en la película. Cuando el padre vuelve después de muchos años el hijo le dice: “vos te fuiste a salvar a todos los judíos del mundo y no pudiste salvar a uno solo”. Esto se puede aplicar a todas las causas y a todas las religiones. Esos dilemas morales son muy complejos; la tentación de salvar al mundo a veces -a veces- puede enmascarar un deseo de huída…

A: La expresión del Talmud que citaste, aieca”, ¿Dónde estás?, ¿Dónde estás parado en este mundo?, esta “pregunta eterna y permanente” como la llamaste en una ocasión, esta pregunta, ¿Dónde estás? se puede también traducir en otra: ¿Quién sos? ¿A quién pertenecés? ¿De dónde viene tu estabilidad, tu seguridad en el mundo, en el camino de la vida? Es la cuestión de la identidad. Una cuestión importante en tu producción. En el fondo, detrás de esta pregunta, florece toda la importancia que vos le das al tema del vínculo, de la relación fuerte, constitutiva, por ejemplo la que se da entre padre e hijo, que investigás en El abrazo partido y en Derecho de familia. La respuesta que el judaísmo da a esta pregunta ¿Dónde estas?, ¿De quién sos? es: pertenezco a un pueblo, un pueblo elegido, elegido por Dios, pertenezco a la tradición de este pueblo. ¿Es una respuesta que te satisface?

B: No, no me alcanza. Ojalá me alcanzara, sería mucho más fácil. Creo que el concepto de “pueblo elegido” si no se entiende como una metáfora, si se entiende como un pueblo elegido en función de otros que no son elegido, abre pasos a un gran error. El hecho de tener una misión no implica que otros no la tengan. La del “pueblo elegido” es una cuestión mucho más compleja que la literalidad que a veces surge de esa expresión y que puede tener consecuencias negativas. Yo creo que es importante convencerse de la falacia del libre albedrío, que uno elige su destino, pero dentro una tensión entre los dos conceptos. La idea que tenemos un destino y una misión no implica desligarnos de nuestro libre albedrío y de nuestra responsabilidad. Lo que hacemos es un camino que quizás no llegue a una parte, a ningún lugar. En ese sentido el destino es el camino, pero el recorrido lo hacemos nosotros; a veces vivimos con la tentación de elegir entre esas dos posturas cuando en la realidad conviven bastante armónicas.

A: Toda tu producción está atravesada por una corriente de simpatía hacia los personajes que aparecen en tus obras. Hay un fondo de humor, que pero no termina de ser ironía. “Para mí, el humor en un relato es como la ventilación de un edificio… El oxígeno para poder atravesar la historia y llegar al final”. Me parece que este humor, así como lo has definido, es algo más que una ironía. Vos, en una entrevista anterior, usaste una palabra diferente, extraña en la boca de un director de cine pero a mi juicio más precisa: piedad. Es un humor que tiene adentro una piedad hacia los personajes, hacia los hombres; un humor piadoso.

B: No sabía que lo había dicho…

A: … pero lo dijiste. Exactamente fueran estas tus palabras:Sin piedad hacia el otro no lo podemos comprender verdaderamente. Creo que la piedad es un instrumento de análisis necesario incluso antes que una actitud religiosa”.

B: No creía de haberlo dicho tan bien, pero estoy muy de acuerdo. La piedad es una manera de acercarse al otro, sin duda; la piedad permite comprender al otro y además cuando uno es piadoso con el otro también es piadoso con uno. El límite entre la ironía y el cinismo es inmanejable, el cinismo es algo que trato de alejar de mis películas y el humor que yo veo es el humor de la vida cotidiana. Nos levantamos y todo el día hay expectativa de pérdida, nacemos y hay expectativa de pérdida, por eso el único antídoto es el humor. Somos conscientes de amenaza de pérdida todo el tiempo, perder nuestros afectos, perder nuestros trabajos, perder el tiempo… la única manera de revertirlo es con humor, pero con humor en el sentido de verle el otro costado de este humor, de verle el reverso y ver la ganancia que es estar vivo cada día y los pequeños detalles, los pequeños movimientos vitales que hacemos para sobrellevar ese miedo básico existencial que es el miedo a la vida. Me refiero a las pequeñas cosas que hacemos para acercarnos a los otros, para que el otro nos quiera, para que nos amen. Y no lo digo en el sentido romántico de conquistar a alguien, es el intento que hacemos incluso para caerle bien al taxista. Todas esas cosas cotidianas, el humor en lo cotidiano, en la construcción en el día a día, en hacer cada día medianamente agradable, me parece que es fundamental. Lo que busco cuando hago una película es que una persona que entre a verla salga apenitas un poquito mejor de cómo entró; si eso sucedió fue un hecho positivo en la vida de esa persona. Con lo cual soy bastante cuidadoso en la elección de las imágenes y de las palabras porque para sufrimiento y para pérdida ya está la vida que es gratis y no hay que pagar entrada. No le encuentro ningún sentido a ver un sufrimiento sin superación en una obra artística. No le voy a entregar una parte de mi vida, de mi tiempo, para ver lo que puedo ver potencialmente en mi vida cotidiana y sin posibilidad de redención. El arte nos permite sublimar esa redención que a veces en la vida cotidiana no encontramos. Como creo que las cosas tienen un por qué en este mundo, creo también que el arte tiene que cumplir ese rol.

A: Cuando nos encontramos para la anterior entrevista, al final, te pregunté cuáles eran los directores de cine italianos que más admirabas. Para mi sorpresa, citaste de un golpe solamente dos: Pier Paolo Pasolini y Federico Fellini…

B:… y Truffaut…

A: … Sí, François Truffaut, francés. Los italianos fueron Pasolini y Fellini. Para quien no conoce a Pasolini, digamos que es el primer intelectual italiano que captó con lucidez el cambio antropológico que estaba dándose en el mundo juvenil, en la sociedad italiana. Había captado el surgir de un tipo humano que detrás de la pátina superficial de un aparente anticonformismo, de una rebelión a los dictámenes de una sociedad moralista, asimilaba cada vez más la mentalidad corriente, el mismo burguesismo que contestaba. Con una cierta contrariedad tanto de la cultura de derecha, como de la de izquierda a la cual pertenecía políticamente, hablaba de homologación, de una homologación creciente a un poder nuevo. ¿Este fenómeno de homologación al poder lo ves actuando hoy?

B: Cuando te mencionaba a Fellini, y sobre todo a Pasolini, pensaba en como este segundo observaba la dinámica profunda del poder y de cómo está construido, en cómo influye sobre la vida cotidiana en un tiempo determinado. Esta dinámica no se hace transparente, es más, diría que se oculta detrás de conflictos que no son los principales. Se hace transparente cuando salen a la luz dilemas morales esenciales, existenciales. En esto, después, ciertas respuestas se masifican y ya no son un dilema, porque son de tantos que ya no son de nadie. Posarse sobre esos pequeños dilemas morales -que a la vez son esenciales en la vida cotidiana- es lo que marca una diferencia. Cuando construyo un héroe siempre me pregunto en qué momento de la vida está, en qué “transición” está; me interesan mucho las transiciones de la vida, que son los puntos, los momentos donde esos dilemas morales toman tensión.

A: Cuándo hablás de dilemas morales, ¿en qué pensás?

B: Los dilemas morales no tienen que ver solamente con el trabajo, tienen que ver con elecciones de la vida cotidiana que son tremendamente transparentes y pasan en la dinámica cotidiana. Lo decía antes: por ejemplo cuando un hombre elige un ideal de máxima -el padre que va a la guerra para salvar a los judíos- y pierde la relación con su hijo, el amor y la pasión, es un dilema moral. Es una cuestión que tiene una profundidad tremenda. La mayoría de las veces las personas no deciden qué parte del dilema van a elegir; son elegidas por la corriente, por la naturaleza de un tiempo. Por ejemplo qué valoro más, si mi trabajo o el tiempo con mi familia… hay una multiplicidad de dilemas morales que no son los dilemas morales de los titulares de los diarios, que no se juegan en una decisión entre el bien y el mal en su más extrema expresión, lo cual sería muy fácil de dirimir. Yo hablo de los dilemas morales de la cotidianeidad, que es donde Pasolini y Truffaut se posaban y se expresaban con mucha sencillez pero a la vez con mucha profundidad.

Parte II

Preguntas del público (P)

P: Es una pregunta sobre la película Derecho de familia. Allí aparece una idea de justicia muy humana, con una medida muy humana, puesta más sobre el afecto que sobre otra cosa. ¿Podrías comentarla? ¿Qué relación tiene con la piedad de la que hablaste?

 

B: Me interesa mostrar personajes complejos, que viven una tensión. En Derecho de familia la verdad del personaje ¿cuál es? Que mienta en una situación específica, o cómo permite y empuja y logra la superación de su hijo. No creo en los personajes perfectos. En esa pareja lo que puede ser verdadero o no es el amor, no esa anécdota falsa. Yo distingo entre la falsedad y la mentira: un hecho falso distorsionado, por supuesto que es reprochable, pero el concepto de verdad está más ligado al amor -por lo menos en mi visión-, por más que esto no sea del todo ortodoxo. La bondad, el amor y lo verdadero no se dan en una unidad, por la complejidad propia del mundo. Todos deberíamos ser verdaderos para que exista la verdad como algo absoluto y no lo somos; y tampoco nos crearon como seres verdaderos. Ahí, el hijo juzga al principio al padre por esas diferencias, porque él no habría hecho eso con sus defendidos; pero al encontrarse en otro ámbito, lo justifica haciendo lo mismo que hace el padre. Entonces el tema de la verdad y la mentira… muchas veces la justificación de los contextos hace que para uno sea una cosa y para otros, otra; en cambio, el amor es un valor absoluto. Cuando el hijo descubre en el padre ese amor que estuvo oculto o no manifestado, toda esa parte que podría juzgarse en otro tipo de películas, acá pasa a un segundo plano y acá es donde hablo de la tensión entre los diferentes valores: el valor de la verdad, el valor del amor, de la paternidad, de la construcción de la paternidad. En esa tensión uno elige y, lamentablemente, no puede quedar todo, y yo busco en esa imperfección ver con un ojo de piedad y buscar la redención del personaje; eso es lo que me interesa.

 

P: Aparte de la simpatía por lo humano, por la humanidad de los personajes, que muestras en tus películas, vos hablás de redención, que es un concepto fuerte, quizás hasta raro en boca de un director de cine. ¿A qué te referís cuando hablás de redención?

 

B: La redención es la chance que tenemos. Todos venimos con esta expectativa de pérdida que nos atraviesa toda la vida pero tenemos esa chance de redención, que es de alguna manera como decir: como esta historia termina mal porque nos vamos a morir todos -me da mucha gracia cuando se habla de éxito, desde el momento en que nos vamos a morir no hay posibilidad de éxito posible-, la redención es la capacidad que tenemos en vida, en esta tierra, de superación. Ojo: la superación no tiene que ver con lo laboral, con el mal llamado éxito, sino con transformarnos en algo distinto de esa inercia natural a la que puede llevarnos el contexto social -llamálo nuestro destino-, las fuerzas que nos rodean, las malas elecciones. Es la posibilidad de reparación, pero no de los otros sino en uno mismo, repararse uno y transformarse en otra cosa siendo lo mismo, que parece contradictorio pero no lo es. Ese proceso que para mí es tan complejo y tan asible, existe a veces de una manera muy clara: se lo ve a través de cualquier religión, a través de ciertos profetas o líderes; en la vida cotidiana, cuando alguien toma un destino equivocado sobre su familia y destruye a su alrededor destruyéndose a sí mismo -porque es imposible no destruir a otro sin destruirse-, hay una posibilidad de convertirse en otro que construya y de construirse a sí mismo. Siempre hay una posibilidad de redención, hasta el último día. En Derecho de familia, él protagonista se redime en sí mismo, pero se redime en la construcción de la paternidad con su hijo, lo que no pudo construir con su padre. Su padre no está, pero él está y lo puede construir con su hijo, es lo mismo; no, no es lo mismo, pero hay algo de superación, algo de superar este destino. Y acá volvemos a la idea de libre albedrío y destino; si tenemos un destino, tenemos una misión. Sí, tenemos una misión, pero también podemos arruinarla. La podemos llevar a cabo o podemos superarla; en esas diferentes elecciones está la posibilidad de redención o de no tenerla. Yo busco siempre personajes que están en ese momento en que quieren transformarse en esa cosa y buscan la transformación en diferentes lados hasta que la encuentran en sí mismos. Es un proceso, no se la encuentra de una escena a otra.

 

P: Esto que estás diciendo sobre la redención ¿puede aplicarse también a la memoria? La memoria puede asegurar la superación, la redención en el presente?

 

B: No, yo creo que, lamentablemente, la memoria no alcanza. Es esencial, es la materia prima para construir, pero si no construimos algo con la memoria en vida, se vuelve una obligación vacua, es algo que se vuelve abstracto. El recordar no alcanza. Sigue viniendo gente al mundo, siguen naciendo personas y con la transmisión de la memoria no alcanza si no hay una transmisión consciente y un trabajo activo con esa memoria. No es un punto tranquilo para mi. Yo tengo discusiones internas cuando discuto con un Rabino amigo sobre el recuerdo de la memoria del pasado. Es insuficiente si no se le aplica o se les explica a las generaciones que vienen un significado especular con lo que viene hoy; se convierte en algo abstracto y a veces la transmisión de la memoria es como algo que viene de atrás y se la tira para delante y así pasó, transitó, no dejó una marca. La memoria es como un costal de harina lleno de agujeros que mientras va pasando nos va regando, cada generación debería bañarse en esa harina y volcarla un poco adentro. Esto es difícil porque requiere un trabajo activo. Por ejemplo, en la vida cotidiana, es lo que ocurre con un padre en la educación de sus hijos cuando dice “el abuelo me decía tal cosa”: a esto no lo dice a las tres de la mañana en forma abstracta, lo hace porque ese día pasó algo en la casa que lo remite a su pasado. Esa es una utilización activa y positiva de la memoria.

 

P: El tema del padre es un tema que está muy presente en tus películas, empezando con El abrazo partido, peró también en la ultima, El nido vacío

 

B: Para mí es un tema fascinante; es un “invento” medio nuevo esto del padre. Antes carecía de cualquier tipo de importancia, y es muy raro que en la propia vida se pueda observar un cambio tan importante, porque los cambios en las concepciones familiares llevan más de una generación. En la generación anterior, por ejemplo, no había tanto para charlar, ahora es una cosa de locos -y es muy curioso-, todos los que han sido padres se van a dar cuenta: cuando el hijo es expulsado del vientre, automáticamente vuelve del vientre al pecho, es un ratito, y uno ve al hijo recién nacido que es su hijo, pero la ve a la madre y al hijo conectados con un nivel de espontaneidad natural… En cambio los padres hablan como si los tuvieran que convencer de que tienen algún tipo de importancia en su vida y es inútil, y con la palabra es una relación ficcional, los tocan y no hay respuesta…A un hijo de 5 días si lo agarra uno o un taxista que viene a traerle flores es lo mismo, por más que los psicólogos te digan otra cosa para hacerte sentir mejor… Nada, no tenemos ningún tipo de importancia y vamos construyendo con la palabra –ahora, porque antes ni siquiera- un vínculo, inventándolo, que es absolutamente ficcional, que está relacionado a la dramaturgia y al relato porque es un vínculo basado en la palabra. De hecho: “hablá con tu hijo”, uno nunca se le diría a una mujer, sería rarísimo, ya habla mucho. Si uno sigue pensando, por ejemplo, aparece eso de que los hijos a veces no soportan la voz de la madre porque es otro tipo de vínculo, porque nunca fue basado en la palabra. Y la palabra del padre tiene otro peso cuando existe, se va construyendo de manera cotidiana, diaria, compleja, hay que ir inventando como un lenguaje, como un discurso. La relación con las madres es como un documental y la relación con los padres es como una ficción. ¡Así no vale! y eso siempre me fascinó,  la importancia de la palabra en el vínculo paterno. De hecho, ahora hay como una sobreactuación de este rol paterno. Yo tengo hijos de 4 y 6 años y si pudiera contarlas, yo ya les dije más palabras que mi padre en toda su vida y considero a mi padre un extraordinario padre. Es muy curioso porque ahora está la sensación de que nada alcanza, no alcanzan las horas de trabajo, no alcanza el modelo de auto, la ropa, nada alcanza; esa cuestión de mercado lamentablemente también se trasladó aquí. También están las reuniones de padres en los colegios que antes no existían. Es algo que me resulta fascinante: todo el mundo tiene hijos todo el tiempo, mucha gente es padre y es algo que no porque les  pase a muchos  deja de ser igualmente fascinante. No digo que ser madre no lo sea. Pero es en algo donde no me detengo. Más de una vez, cuando proyectaba Derecho de Familia, aparecía una señora y me preguntaba ¿Y las madres? Las madres no me importan, no es que no me importen; que otro se ocupe, yo me ocupo de una sola cosa.  Ahora es el momento de los padres que parece que de pronto tienen alguna importancia.

 

P: Dos preguntas. Lo cotidiano tiene un papel fundamental en tus películas, ¿vos cómo vivís lo cotidiano? La segunda: Me pareció muy bueno el “episodio de las frutillas” que te escuché contar una vez ¿Podrías contarlo nuevamente?

 

B: Con respecto a lo cotidiano, puedo decir que amo la rutina, amo levantarme a la misma hora, desayunar en el mismo lugar, ir al trabajo y encontrarme con las mismas personas. Me parece fascinante y no lo quiero perder nunca. Y no es que trabajo en una oficina de Puerto Madero con chofer; trabajo en una oficina  modesta  y tranquila pero me gusta el lugar de pertenencia y de cotidianeidad y de construcción de vínculo, me parece importante. Soy como esas señoras que dicen “hoy voy” al centro porque nunca voy al centro. Trabajo en Colegiales en una oficina y aunque no lo creas manejo mi trabajo. Hay días que escribo y otros hago otras cosas pero todo es parte de lo mismo. Y las personas con las que trabajo construyen mi cotidianeidad por lo cual son muy importantes estos vínculos, porque forman parte de mi vida cotidiana, que es mi vida. La vida cotidiana es nuestra vida; no es que hay otra vida. Con respecto a las frutillas, una vez me invitaron a una charla dela Fundación Endeavor, fundación que promueve a jóvenes emprendedores. Estaba en una conferencia y estaban hablando varios emprendedores. Yo estaba como emprendedor, aprendí que era emprendedor ese día, no tenía ni idea de que era emprendedor y me encantó la palabra. Entonces se presentaban y decían cosas que yo no entendía, negocios multimillonarios que no podía entender cómo podían generar riquezas, y eso me maravillaba. Se explicaba que habían inventado un software para hacer los agujeritos a las galletitas de agua que no había… primero éramos 2, luego 4 después 12, aparecía un PowerPoint  con primero 500mil luego 800mil… empezamos en el galpón de la abuela y después un piso y abrimos en Brasil, en México, pero no nos alcanzó y fuimos a ver a Ted Turner y le pedimos 5 millones de U$S y la vendimos a 24… y los PowerPoint volaban como locos y en un momento les escucho decir “ni yo ni mi socio podíamos ver a nuestro hijos ni a nuestras mujeres”, yo pensé: es tremendo…Y después de todo eso decían “y ahora vamos por más”. El tipo tenía 23 años, yo pensaba  que lo que necesita es ir a tomar un helado con su hijo. Luego tenía que contar yo que tengo una productora hace 12 años, que filmamos 15 películas, que somos 6 tipos y lo único que deseo es que siga todo igual, y en ese contexto conté lo de las frutillas. Cuando era chico, comer frutillas con crema era un lujo. Yo no sé si porque en esa época eran caras las frutillas, pero cuando mamá traía frutillas era una fiesta. Traía ¼ de frutillas para compartir, entonces yo decía “cuando tenga plata me voy a comprar 1kg de frutillas y no voy a compartir con nadie”, era un parámetro de riqueza no ingenua, era de verdad. Pasa el tiempo y empiezo a tener un buen pasar  que me permitió poder comprar y me fui a comprar las frutillas y  me compré 1kg, me las llevé y me preparé un pote con azúcar y crema y me di cuenta que más de ¼ no te podés comer. Fue importante para mí, porque ¿cuántos ¼ te podés comer, cuántos autos podés manejar al mismo tiempo, cuántas veces podés cenar en un día? Uno se levanta y ¿cuántas camisas puede usar al mismo tiempo? Puede tener una para planchar, dos para lavar y una puesta… ¿Cuántos zapatos te entran?, ¿para qué más? Sí cuánto tiempo podes  pasar con tus hijos, cuánto tiempo podés pasar con la mujer que amás o intentando encontrarla o alimentando tu espíritu o conociendo personas nuevas o conociéndote a vos mismo…Todas esas cosas son ilimitadas, nunca alcanzan. Yo prefiero a lo que es limitado, limitarlo y a lo que no es limitado, darle el máximo de tiempo posible. Esa fue la anécdota de las frutillas, que fue gracioso porque yo pensé que me había ido al carajo pero a la semana siguiente me invitan para ir a contar lo de las frutillas a Córdoba.

 

P: Las peliculas, naturalmente, se producen para otros, para que la mayor cuantitad posible de personas la puedan ver. Pero son también una experiencia para quíen las hace. ¿Ves algún cambio en vos, cuándo terminás las películas?

 

B: Yo nunca estoy tanto “mejor” como me gustaría que esté el otro. Normalmente, mientras hacés una película estás viviendo -lamentablemente o no- Uno no lo vive como el tiempo de la película: es el tiempo de tu vida. Entonces, capaz que la película fue extraordinaria pero en tu vida tuviste los problemas que podemos llegar a tener todos, entonces cada película la identificás con un pedazo de tu vida. Yo cuando veo mis películas las identifico con un momento: si estaba parado, si estaba sentado, si tenía un hijo, si tenía dos, qué pasaba en mi familia, qué pasaba conmigo…Son como representaciones con sensaciones. Por eso no vuelvo a ver mis películas, porque por más que sean sensaciones positivas, es imposible evadirse de la melancolía y si son negativas, igual, por eso es mejor no ver nada. En realidad yo no podría no hacerlas, es tan simple como eso. Cuando quiero contar una historia, no me imagino renunciar a poder contar eso y el proceso de contarlo es lo que a mí me redime. Nunca pienso en términos de resultado, si me satisfizo. La verdad es que es muy extraño, la parte más dolorosa es cuando tengo que viajar a presentar la película, porque es un proceso ya terminado. Es como si uno hoy sale de acá y se encuentra con una novia de cuando tenía 14 años, y van a tomar un café, la señora está casada, etc. etc. y uno siente que ya no corresponde con ese tiempo, que hay un desfasaje, uno está contento de verla pero siente que es mejor no haberla encontrado, porque se encontraron dos personas que no son las que fueron y que no tienen las sensaciones que tuvieron. Con las películas pasa lo mismo: una vez que termina el proceso, lo que yo siento, por qué la hice, ya no es igual y prefiero que le pase a otro. Por eso lo que me da satisfacción es lo que le pasa a otro. Cuando voy al cine a ver el estreno me pongo a ver a la gente, cómo sale. Cuando veo a alguien con media sonrisa, para mí es fantástico; no pretendo que cambie su vida, que se reconcilie con su hijo, con el padre, no. Cuando yo digo “salen mejor” es como cuando te dicen estás bien. Eso es una nada, pero si se logra eso, valió la pena la película.

 

P: El drama cotidiano de los personajes de tus películas me provoca una sensibilidad especial, pero el director ¿cuál es la respuesta que da a estos dramas?

 

B: Uno no encuentra siempre las respuestas; uno las busca, es toda una elección buscarlas. El proceso es ese: buscarlas, creyendo que las va a encontrar si no, no tiene sentido. Si sabe de antemano que no las va a encontrar, es una búsqueda sin sentido. Lo que pasa es que las películas terminan y se resuelven, a veces uno encuentra la manera de resolver la película sin caer en la suficiencia de darle al espectador una respuesta a una temática existencial.  Yo trato de que la película tenga un final pero la vida no lo tiene, la existencia no se resuelve en una película. Por eso esto que decís es todo un tema; porque cuando uno termina una película, maneja esa tensión entre darle un final, una resolución y a la vez no caer en la suficiencia de darle una resolución final al dilema que plantea. Porque incluso uno puede cambiar de opinión con el tiempo y la película queda para siempre; entonces es mucho mejor dar como caminos de respuestas, como uno atraviesa un camino hacia una respuesta, como vectores. Por ejemplo, Derecho de familia, parece que encuentra una respuesta a lo que pasó con el padre y con el hijo, como que va en esa dirección, pero qué va a pasar con ese hijo, no sabemos. Esto es un gran tema cuando uno escribe: hasta dónde uno quiere resolver falsamente la vida al otro.

 

P: Vos no volvés a ver tus películas pero hiciste un cambio grande en ellas, ¿no necesitaste verlas para hacer ese cambio?

 

B: Cuándo vos terminás de filmar una película, vos ya sabés dónde te equivocaste, lo tenés como impregnado, es como una sensación, como cuando en una pareja te dicen “charlemos” y vos decís yo ya sé todo, no es necesario. Es lo mismo en una película, cuando termina el proceso de rodaje ya sabés no en las partes que te equivocaste sino las que no volverías a hacer nuevamente. Y aparte, uno va cambiando con el tiempo: a los 20 años no entendés  nada, de ciertas cosas no entendés nada y de otras entendés más que a los 30.  Tiene que ver con cuán contemporáneo sos con las cosas que contás  y cuando ya empezás a tener una correspondencia con tu edad vital y las cosas que te interesan y los dilemas que te corresponden con el momento de tu vida, no es que hacés mejores películas, hacés las mejores películas que podés. Lo mejor está ligado a lo más verdadero de uno y uno tarda en encontrarlo y, a veces por pudor, te impedís conectarte con lo más tuyo y tomás lo de otro. Eso es como un proceso pero, volviendo a la pregunta, no necesitás verla y evaluarla para decir “me equivoqué acá”. Lo sabés perfectamente, lo sabés de manera física, está impregnado,   entonces para qué charlarlo.

 

P: Que se viene? Que tenés guardado en tu cajón, o a que estás trabajando?

 

B: A un tema que me fascina: la hermandad, el misterio de la hermandad. La historia a la cual estoy trabajando es sobre dos hermanos que no aceptan la orfandad natural que les pasa a todos en un momento de la vida.

 

Registro audiovisual del encuentro

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Comments
One Response to “¿Dónde estás hombre? Responde Daniel Burman”
  1. Juani dice:

    exigo la continuacion!

    …Saludos

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