Benedicto XVI rompe los esquemas: el futuro de la fe pasa por España.

de Lucio Brunelli

 

El Papa en la España de Zapatero. Y el ejército de los medios de comunicación listos para encasillar la visita en un esquema de Iglesia en la trinchera, en guerra perpetua contra el “enemigo” de la modernidad. Pero es el Papa mismo quien rompe los esquemas.

Ya en el avión, con los periodistas, habló de “encuentro, no desencuentro con la laicidad.” Y si es una “tragedia” el hecho de que el hombre moderno perciba a Dios como “un antagonista de su libertad “, será inútil perder el tiempo recriminando o denunciando. Sin embargo sucede la verdad de un testimonio: “Dios vuelve a resonar gloriosamente bajo los cielos de Europa”. Una visita no “reactiva”, centrada en dos gestos simples. La peregrinación a Santiago de Compostela y la consagración de la Sagrada Familia en Barcelona.

Fue escrito al inicio del pontificado del Papa Benedicto XVI que era el Papa de la “palabra”, mientras que Juan Pablo II fue el Papa de “gestos”.

Un Papa más de “leer” que de “ver”. Incluso este esquema, cinco años más tarde, parece viejo e inadecuado. No se entiende al Papa Ratzinger si no se ve cómo celebra y reza; la forma en que se arrodilló, por ejemplo, el pasado sábado, ante la tumba del apóstol Santiago. Imposible separar sus juicios, aún los más netos, de la dulzura y la serenidad de la mirada. Lo hemos visto incluso en los momentos menos oficiales de este viaje español. El estupor divertido y casi “infantil” con el que siguió las oscilaciones del gran botafumeiro (incensario) en el santuario de Santiago. La mirada encantada por la belleza de la Sagrada Familia, durante la ceremonia de dedicación.

El profesor Ratzinger se convirtió en Papa. Y los primeros en darse cuenta son los creyentes comunes, a los que instintivamente les gusta. Por su presencia, por su enseñanza, se sienten muy alentados y confirmados en la simplicidad de su fe. Había un modo de sentirse “Ratzingeristas”, incluso en los círculos eclesiásticos, que significaba estar siempre y solamente “en contra”. Duros, y puros, severos y siniestros. Aquellos que no hacen descuentos, nunca… El riesgo era el de asemejarse y luego asumir todos los tics y las neurosis de los enemigos, ya sea el “católico progresista” o “el laicista”.

Benedicto XVI también en esto rompe los esquemas. Esto ya fue visto en el viaje a Gran Bretaña. Y fue confirmado por la peregrinación española. No es un Papa “en contra de”, es un Papa que comunica, incluso humanamente, una positividad. Él quiere hablar al hombre de hoy, o cada uno de nosotros. Desea sinceramente que comprendamos y experimentemos el cristianismo no como un “menos”, sino como un “más” de humanidad. Un anuncio humilde y feliz, porque sabe que, en última instancia, su éxito no depende de nuestros argumentos o de nuestro activismo, sino que es gracia de Dios, como ha recordad ayer por la mañana en la Sagrada Familia. “De El, la Iglesia recibe su propia vida, su propia doctrina y su propia misión. La Iglesia no tiene consistencia por sí misma, está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en la pura obediencia a su autoridad y en el servicio total a su mandato. El único Cristo funda al única Iglesia. Él es la roca sobre la cual la basa nuestra fe. Basados en esta fe, buscamos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios que es amor y es el único que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. “

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