Eliot en las catedrales

por Héctor Godino

15/06/2011
¿La Iglesia sigue teniendo aún hoy algo atractivo para ofrecer a la vida de las personas de nuestro tiempo? La respuesta que la presencia del Misterio dio con su encarnación al deseo de plenitud que todos llevamos dentro, ¿es posible hallarla como ese hombre con el que se encontraron Juan y Andrés? Lo que describe Kafka en El Castillo, “aquel que nunca hemos visto, pero el que esperamos con verdadero anhelo, el que racionalmente ha sido considerado inaccesible para siempre, aquí está sentado”, ¿puede ser una experiencia también para nosotros?
Cuando escuchamos a mediados del año pasado a Julián Carrón señalar la necesidad de recuperar las palabras de Eliot para comprender el desafío de la Iglesia en nuestro tiempo, rápidamente comprendimos cual era nuestra tarea.
Lo que comenzó con la edición bilingüe de un texto prácticamente inaccesible con una traducción original, Los coros de la Roca, luego una propuesta de vacaciones, finalmente se trasformó en una arriesgada presentación integral: ELIOT EN LAS CATEDRALES.
El primero en acoger la propuesta fue el cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, quien nos abrió la catedral para su realización. Un ámbito poco accesible a grandes movilizaciones vio desplegarse una cantidad inusual de micrófonos, luces, proyector, pantalla, tarimas y andamios, para conformar en pocas horas el escenario adecuado para las palabras de Eliot.
En un recinto completo y en expectante silencio, la música clásica acompañaba las imágenes del poeta y su época. Fueron las palabras de Santiago, el traductor de la obra, las que marcaron los ejes fundamentales contenidos en grandes metáforas: la Construcción; el Desierto; La Roca, esa que es Testigo, Extranjera y La que sabe preguntar. Después, bajo la guía de Nancy y Graciela, la lectura coral de los fragmentos fundamentales: voces individuales y coros, voces de adultos y chicos, silencio y música en vivo, se alternaban sosteniendo el ritmo y la atención de todos.
Las velas que acompañaron el cierre de la presentación encendieron los aplausos finales. La emoción producida por una novedosa forma de proponer estas antiguas palabras abrió el espacio para las preguntas: “pero, ¿quiénes son ustedes?”, “¿por qué hacen algo así?”.
Otro tanto ocurrió en la segunda estación de nuestro recorrido, esta vez en la iglesia catedral de la ciudad de Campana. Allí fue la primera vez que se realizaba una puesta  semejante, produciendo un resultado similar, el agradecimiento conmovido como así también la pregunta: “¿qué los mueve para hacer esto?”.
Comprendimos en el trabajo previo y las dificultades del caso, pero aun más en la respuesta de aquellos que encontramos, que la grandeza de Eliot es reproponer la única novedad que puede aportar la Iglesia y que, como bien dice, la convierte en la EXTRANJERA. No necesitamos de ella una nueva moral, una nueva ideología, un nuevo sistema social o político, todo esto obra de nuestras manos, sino lo único que la puede volver interesante: Jesús de Nazaret.
Necesitamos que siga siendo EXTRANJERA para que podamos, tocando su realidad concreta, seguir teniendo la oportunidad de tocar la presencia de Cristo, la única Roca capaz de sustentar nuestra esperanza y la de todo un pueblo.
Publicado en Huellas.org
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